Recuperar archivos sonoros para revivir la cultura ancestral en Rusia


La voz en la grabación es áspera y distante. Se trata del canto febril de un chamán tradicional de una aldea del Ártico ruso, grabado hace décadas y que, ahora, se desvanece en la historia.

Su ‘voz olvidada’ es una de los miles de voces que se recogieron en la Unión Soviética, cuando los etnógrafos catalogaron la vida cotidiana, las canciones, el folclore y las lenguas de los pueblos de la vasta Federación de repúblicas soviéticas.

La colección, actualmente almacenada en los archivos del instituto de investigación Pushkin House de San Petersburgo, es el centro de un nuevo proyecto con la Universidad de Aberdeen, Escocia, para digitalizar y salvar, en particular, las voces del ‘norte ártico’.

«Este archivo contiene grabaciones que se remontan a las primeras cintas de carrete abierto de la década de 1930, hasta los años 70 del pasado siglo, procedentes de etnógrafos de toda Rusia», explica el profesor David Anderson, antropólogo de la Universidad de Aberdeen que acaba de conseguir alrededor de 45 000 euros para financiar el proyecto de digitalización, que se va a llevar a cabo durante dos años.

«Las máquinas soviéticas originales en las que grababan ya no funcionan, y el archivo ya no tiene forma de reproducir estos sonidos», señala. Aunque, algunas de las grabaciones realizadas en ‘cilindros de cera’ de la década de 1890 todavía pueden reproducirse en un fonógrafo moderno.

La inversión en equipos especializados, procedentes de Alemania, ayudará a los investigadores a reproducir las cintas a baja velocidad, lo que les permitirá realizar una «limpieza de audio» digital para eliminar las distorsiones de fondo, y luego guardarlas como archivos MP4 o WAV.

Pero el proceso conlleva riesgos.

«Existe el problema de que las cintas no envejecen muy bien, por lo que, en el caso de algunas de las primeras cintas, puedes contar con una única oportunidad de reproducirlas y, después, se desintegran», advierte el profesor Anderson.

(Para resaltar en el texto, entre comillas: Estas comunidades siguen existiendo, a menudo en un contexto urbano, pero han perdido el contacto con los pueblos originales donde se hicieron estas grabaciones. Profesor David Anderson)

Muchas de las voces del archivo de Rusia proceden de comunidades que ya no existen en sus lugares originales, ya que la gente fue reubicada en ciudades más grandes como parte de las políticas de industrialización de la Unión Soviética.

«Estas comunidades siguen existiendo, a menudo en un contexto urbano, pero han perdido el contacto con los pueblos originales donde se hicieron estas grabaciones», explica David Anderson.

Durante la colectivización, los rasgos únicos de las lenguas minoritarias se mezclaron para formar nuevos tipos de ‘criollos’, lo que significa que, mientras que los más jóvenes vinculados a zonas concretas pueden no entender del todo las lenguas de las cintas de hace décadas, los miembros más antiguos de esas comunidades aún recuerdan a sus familiares hablando los 50 o 60 dialectos originales.

Según el profesor Anderson, estas grabaciones ofrecen una oportunidad única de escuchar las leyendas y el folclore, tal y como eran cuando la gente aún vivía en un lugar determinado, antes de que comenzaran los programas de reasentamiento, a gran escala, de la era soviética.

Una búsqueda para catalogar a los pueblos del multicultural Imperio Ruso

Los primeros ejemplos de trabajo de campo etnográfico, en la actual Rusia, se remontan a la época del Imperio Ruso, a finales del siglo XIX. Pero continuaron en la época soviética, aunque las razones para llevar a cabo la investigación eran muy diferentes.

Los etnógrafos del Imperio se desplazaban a las comunidades para tomar notas, y a veces, incluso, hacer fotografías o grabaciones de audio a medida que la tecnología mejoraba, como forma de catalogar y comprender a sus ciudadanos.

«El Imperio Ruso tenía una imagen de sí mismo, como imperio multicultural, y las autoridades querían tener pruebas de todos estos grupos diferentes y su relación con el Zar, y de cómo encajaban todos en los diferentes grupos establecidos que tenían dentro de la jerarquía», declara el profesor Anderson.

Científicamente, en aquella época había mucho interés por descubrir los orígenes de los distintos grupos étnicos, sobre todo de los finoúgrios de Siberia occidental; mientras que durante los tiempos de la Unión Soviética el trabajo de los etnógrafos tenía, más bien, una vertiente geopolítica, para demostrar que los pueblos de Siberia oriental tenían más vínculos con la nación soviética que con China.

«Es un poco siniestro, pero eso es lo que influyó en gran parte del trabajo etnográfico soviético. Desarrollaron teorías lingüísticas específicas, como es el caso de la hipótesis uralo-altaica, que intentaba demostrar que todos estos grupos estaban unidos en una raíz lingüística que no se extendía a través de la frontera con China».

Los etnógrafos soviéticos volvían año tras año, a lo largo de décadas, para hablar con la misma gente y conseguir que contaran historias particulares durante las entrevistas formales.

Algunos de los ‘viajes de campo’ fueron tan minuciosos que, incluso hoy, es posible volver a pueblos y aldeas individuales, cotejar los lugares y encontrar a los descendientes de las personas entrevistadas originalmente.

El archivo a prueba del futuro

En la época en la que se realizaron las grabaciones, en cilindros de cera o cintas, la tecnología se consideraba de vanguardia, del mismo modo que hoy se realizan grabaciones digitales.

Entonces, ¿cómo se aseguran los antropólogos de que estas nuevas versiones de las llamadas ‘voces rusas’ sigan siendo accesibles para las generaciones futuras?

La respuesta está en la actualización continua del archivo, asegura el profesor Anderson.

«En lo que a nosotros respecta, los archivos MP4 o los archivos WAV son los patrones, la referencia que se utilizará siempre. Pero esos modelos pueden cambiar».

«La única forma de garantizar la sostenibilidad a largo plazo, en cualquier proyecto de digitalización, es grabar y regrabar constantemente. Así que, cada diez años se vuelve a grabar en un nuevo soporte, utilizando un nuevo formato, para asegurarse de que los materiales, las voces que contienen, puedan entenderse siempre».

Es un proceso laborioso y continuo. Pero en última instancia, para los historiadores, los antropólogos y las personas de todas las comunidades del norte ártico de Rusia que quieren comprender sus propias raíces, se trata de un proceso inestimable.

«Estas grabaciones son de especial interés, obviamente, para los descendientes directos y para los parientes de estos oradores. Pero, también, para que la gente sepa que su cultura es importante», señala el profesor Anderson.

«Incluso el hecho de que exista una grabación que muestre su cultura ofrece un sentimiento de orgullo», concluye.



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Romina

Romina

Romina es una entusiasta de los idiomas de España. Estudió español y francés en la Universidad de Salamanca y se graduó recientemente. Tiene intereses en todo el mundo de habla hispana y es fanática del idioma en general.

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